Mientras todo se acelera...
Otra vez él, otra vez ella sonreía, aunque el corazón se le encogiese y se hiciera muy muy pequeño.
Palabras, palabras vacías que para ella significaban todo. Ya no había quien lo detuviese, su corazón había empezado a correr, en una noche cualquiera. Porque él siempre aparecía cuando menos se le esperaba. Aunque ella estaba segurísima que calculaba todo al detalle, como siempre.
Nada que decir, todo por hablar.

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