martes, 11 de enero de 2011

mi perro era una oveja


Llegados a este punto, a las 3 de la mañana de un día X de un mes cualquiera me da por pensar y me declaro odiadora-profesional, odiadora de las injusticias, de las mentiras premeditadas, de los príncipes que en vez de crear un cuento te lo cuentan, de los lunes por la mañana, de los recuerdos que duelen y de las falsas promesas, de eso sobre todo.
Y sueño, sueño con cosas improbables, con ese cuento de cuenta cuentos, con un millón y medio de miradas y un par de ellas más, con llegar a entenderme algún día y reírme de todas las cosas absurdas que viajan por mi cabeza...
Y sigo odiando: ser tan rematadamente tonta y ser consciente de ello, lo que me aferro a cada cosa que pasa por delante sin pensármelo dos veces lanzándome a la piscina sin flotador ni gafas de bucear, lo irremediablemente inocente que llego a ser (supongo que cuando quiero) y un sin fin de cosas más...

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