domingo, 9 de enero de 2011

ojos que no ven más allá...

Normalmente si le hubieran preguntado ella hubiese dicho que odia a las personas bipolares, sí esas de dos caras, que un día vienen con reflexiones hiper maduras y al día siguiente te cuentan el peor chiste del mundo. Que no soportaba ver como parecía que alguien cambiaba, crecía, para que al día siguiente volviese a ser el niño/a de siempre, tirando todo por la ventana. Pero él era su excepción, a ella no le importaba, es más le hacía la vida un poquito más fácil, distinta; hacía que día a día ella se muriese de ganas por saber cómo iba a estar, qué le iba a contar, cuántas locuras saldrían de su boca, SU boca...
No importaba a qué hora del día, ni cómo, ni cuántas veces apareciese, lo importante era que lo hacía y siempre con algo nuevo, algo que a ella le distraía del mundo por unos instantes que le hacía viajar y perderse en su imaginación, le encantaba ver que el niño había crecido que empezaba a comportarse como un “chico mayor” pero siempre guardando la niñez de cuando se conocieron. Aquél “chico mayor” con el que había compartido todo, que lo sabía todo de ella y que tras muchos intentos ella estaba llegando a conocer bien, ya no podían engañarse, sólo el tono de voz sacaba a la luz lo que le pasaba a cada uno por la cabeza.
Siempre recordaban todas sus ideas de hacía años para cuando fuesen “chicos mayores”, y que muchas veces seguían estando ahí para hacer, porque sí, porque se lo habían prometido.
Hablaban de amores, desamores, familia, vida, SUS vidas...con tal naturalidad y confianza que daba vértigo. Ya no hacía falta conquistarse ni hacer el tonto, ya estaban ahí: tú para mi yo para tí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario